La clave del éxito de cualquier empresa es construir un producto u ofrecer un servicio que se ajuste encaje perfectamente a las necesidades del cliente y por el que esté dispuesto a pagar lo que queremos… pero para ello, es imprescindible comprender realmente al cliente (no sólo sus necesidades explícitas sino también las latentes). El mapa de empatía nos ayuda a ir más allá de lo que “parece” que quiere nuestro cliente o de lo que dice que quiere para ayudarnos a entender lo que realmente quiere.
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Ya estemos hablando sobre el futuro de nuestra empresa, el resultado de un partido o el lanzamiento de una nueva línea de negocio, la realidad es que nuestras previsiones se basan en suposiciones de lo que sucederá, en intentos de modelar la realidad del futuro…. tarea que obviamente no es ni mucho menos sencilla. Si descomponemos esas predicciones, comprobaremos que sus elementos básicos son hipótesis sobre aspectos tales como cual será el comportamiento del cliente, si está dispuesto a pagar por el producto…etc.
Sin duda, uno de las principales lacras que está afectando a las empresas en la actual coyuntura es la uniformidad de pensamiento y acción: la crisis, por unos u otros motivos, ha hecho que la mayor parte del personal más crítico y menos estándar de nuestra empresa haya dejado sus filas… con la subsiguiente pérdida de diversidad que supone: de repente un día nos levantamos y nos encontramos rodeados de un ejército de clones, que piensan, opinan y actúan como nosotros… una pésima noticia.
Se nos llena la boca hablando de la necesidad de mejorar la productividad de nuestro país, de lo lejos que estamos todavía de los grandes, de lo grave que es la situación… pero lo decimos con una suerte de alejamiento, y mientras agitamos la cabeza hablamos con condescendencia de la lamentable falta de eficiencia de nuestras fábricas y talleres, auténticos culpables de éste diferencial… ¿o no?. Pues tengo malas noticias: la culpa recae principalmente en los que gestionamos personas.
Hoy vamos a hablar de la que posiblemente sea considerada la herramienta “estrella” dentro de la disciplina en la que trabajo, la innovación estratégica. Se trata del lienzo para diseñar modelos de negocio, o como se le conoce habitualmente, el business model canvas. Es un instrumento que facilita comprender y trabajar con el modelo de negocio desde un punto de vista integrado que entiende a la empresa como un todo.
Hace unos dias comentábamos en la primera parte de éste artículo la escasa imaginación que solemos mostrar a la hora de diseñar estrategias para potenciar la rentabilidad, enfocándonos casi siempre a la reducción de costes… pero hay vida más alla: es posible (aunque no sencillo) plantear estrategias, basadas en los principios de la innovación estratégica y actuar sobre el modelo de negocio buscando nuevos flujos de ingresos, resegmentando un nicho o identificando no-clientes… solo hay que saber cómo.
A veces sorprende la poca imaginación que demostramos a la hora de construir modelos de negocio, imitando el que utiliza nuestra competencia (¡gran idea, así competimos con sus reglas!) o introduciendo pequeños cambios sin comprender el modelo como un todo…. que es donde reside el autentico poder de éste planteamiento, en abordarlo con un enfoque sistémico. El artículo, construido sobre el que definía qué es un modelo de negocio escalable, muestra las principales palancas para diseñar modelos de negocio más escalables
Correr y el management son dos actividades que a priori no se encuentran relacionadas, pero que sin embargo guardan un número importante de paralelismos cuyo conocimiento puede enriquecernos enormemente.
En éste artículo he intentando desgranar varias de las ideas que me han asaltado mientras corría durante el último año, y que en su momento iban a dar forma a un libro…
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Hace ya algún tiempo estuvimos hablando de uno de los males que atenaza nuestra productividad, y que ataca con especial virulencia a las organizaciones españolas: las reuniones.
¿Cuales son las claves que nos ayudarán a sobrevivir a las mismas, e incluso, conseguir algún resultado de ellas? (si, es posible)
Hoy tenemos un artículo invitado de Enrique Martin, en el que hace una interesante reflexión sobre la importancia de gestionar el fracaso y como éste es uno de los principales condicionantes de la innovación… a mi me gustó mucho, así que espero lo disfrutéis.
El fracaso es necesario para alcanzar el éxito y, por lo tanto, es necesario saber gestionar el fracaso para alcanzar el éxito. El fracaso siempre llega, así que debemos aprender a gestionarlo…
Creo que lo hacemos mal. Y no escurro el bulto hablando en tercera persona. En la mayoría de las Organizaciones, desde los mandos intermedios hasta la alta dirección, viven inmersos en una suerte de frenética actividad que consume el 110% de su tiempo, agota sus reservas de energía y los hace llegar exhaustos a casa… y éste es uno de los comportamientos que más se premian en compañías donde la valía de un líder es proporcional a las horas y “lío” que soporta… Continuar leyendo...
Hace ya algunos meses que estoy intentando poner en orden mis pensamientos para escribir sobre algo que creo que es crítico y que muchos consideran “moda”: la denominada “customer experience” o “Experiencia de cliente”. Nos hemos acostumbrado a considerar la satisfacción y la calidad de servicio a nuestros clientes como los elementos clave sobre los que construir nuestros sistemas de valoración de fidelidad y engagement del cliente… lo que hoy en día nos sitúa en la gran nada de la mediocridad (y da igual que hablemos como empresa, administración pública, hospital o universidad, todos tenemos “clientes”)
Hace unos años (bastantes!), cuando las tasas de defectos en producto eran altas, cuando un nivel alto de calidad era la excepción y aspectos tales como servicios de soporte o cumplimiento de compromisos (SLA) eran muy mejorables, los esfuerzos se enfocaron en mejorar la calidad. Aproximaciones tales como la mejora continua, el kaizen, las ISO 9001 etc. fueron diseñadas para que los procesos de las organizaciones se enfocaran a producir productos o servicios de la mejor calidad posible… y todo ello con el fin de mejorar la satisfacción del cliente, es decir, la visión objetiva que el cliente tenía de los servicios o productos recibidos (relación coste-beneficio). Sin ir mas lejos…







