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Caballo VoladorHace algunos dias estuve hablando con el de una de las empresas más “tocadas” por la crisis, y me comentaba que estaba dándole vueltas a la posibilidad de cambiar de trabajo. La conversación (que he maquillado para proteger al interfecto) fue algo parecido a esto:
– Por lo que he estado escuchando, es bastante posible que haya una nueva ronda de despidos en mi compañía, y estoy pensando seriamente en comenzar a buscar otro trabajo…
- Pero… ¿Te gusta tu trabajo?
¿Eres feliz en tu empresa?

En ese momento me miró como si hubiera dicho alguna inconveniencia, puso cara de circunstancias y me dijo:
- ¿Y que tiene eso que ver? Si, me gusta este trabajo y ésta ha sido una empresa agradable en la que trabajar: me escuchan cuando se plantea algun cambio que tiene que ver con la información, suelo disponer de un presupesto razonable para hacer mi trabajo… si, me gusta.
- Entonces, ¿esa posibilidad es lo único que te está impulsando a dejar este trabajo y buscar uno nuevo?
- Pues si… ¿y si me quedo sin empleo? Aunque tendré paro, supondrá un duro golpe para mi familia…

En ese momento, le conté la siguiente fábula:

El sultán de Persia había sentenciado a muerte a dos hombres. Uno de ellos, sabiendo cúanto el sultán amaba a su caballo, se ofreció a enseñarle al caballo a volar, en el término de un año, a cambio de que le perdonaran la vida. El sultán imaginándose ya él único jinete del mundo montado en un caballo volador, aceptó. El otro prisionero miró incrédulo a su amigo: “sabes perfectamente que los caballos no vuelan –le dijo-. ¿Qué te indujo a ofrecer algo tan descabellado? Sólo estás posponiendo lo inevitable.” “No es así –replicó el primer prisionero-. He calculado 4 posibilidades de obtener la libertado. Primero, el sultan puede morir dentro del próximo año. Segundo, puedo morir yo. Tercero, el caballo puede morir. Y cuarto… puedo llegar a enseñarle a volar al caballo”.

The Craft of Power, R. G. Siu, 1979

El pesimismo ante este tipo de circunstancias, que parece nos conduzcan a una sóla dirección, es el principal artifice de nuestra derrota. En mi opinión, la fábula no recomienda simplemente esperar (“a ver si tenemos suerte”), sino que nos invita a mirar alrededor y constatar que las “opciones posibles” que tenemos no son necesariamente las únicas…
Resumiendo mi punto de vista, creo que cuando todos los acontecimientos parecen estar en contra, es el momento de intentar ser optimistas, innovar y buscar nuevas opciones que nadie más ha pensado… y quizas al final le consigamos enseñar a volar al caballo!

(Por cierto, el ha decidido quedarse en su empresa y plantear una estrategia de racionalización y valorización de los servicios de TI, eliminando lo superfluo y centrandose en los servicios que pueden ayudar a generar más negocio a la compañía… estoy seguro que su iniciativa será bien recibida)

Siempre hay esperanza

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